Un soplo en lo profundo
Se deslizo lentamente hacia esa sensación que conocía bien, era ya actualmente su condición permanente, había dejado escapar tantos sueños, hoy simplemente ya no sabía que era soñar o anhelar algo. El temor, paso a ser su tarjeta más usada, siempre también estaba a su lado la autocompasión, ambos compañeros requerían muchas horas de autocomtemplación y sin duda daban el efecto falso de protección, lo mejor era no intentar las cosas, siempre se podía salir dañada, además era reconfortante balancearse en el pensamiento de que sin duda el mundo había sido injusto y ella merecía algo mejor, algo que nadie le quería conceder. Luchar estaba descartado, era mejor pasar largas horas en la seguridad de su cama, con el siempre compañero fiel internet, desde ahí podía ver el mundo sin ser dañada y alegrarse- si es que se podía llamar así- con aquellas valientes personas que cada día salían de su casa a ese tan salvaje mundo.
Una tarde más acaricio la idea de tocar sus pies con la arena, el mar era sin duda fuerte, valiente, imponente, ella a su lado se sentía segura, aunque descartado estaba pensar que podía refugiarse en el, siempre esas olas podían volverse un enemigo, pues al fin igualmente eran impredecibles. Considero las opciones y solo quedó una, el cómodo sillón de cuero, regalo de su abuela, sin duda para aquietar su conciencia por el abandono y solo presencia a través de depósitos esporádicos, aunque abundantes, se recostó sobre el y contempló los pájaros que solían visitar su balcón esperanzados quizás por ese abandonado jardín.
Recordó sus padres, luego ya no estaban, su abuela y su leve abrazo con su delicado aroma de L'Air du Temps de Nina Ricci, ella también rápidamente se alejo, quizás recordando su fallecida hija en el rostro de dolor que veía, nada valía y sin embargo había algo en su pecho abajo de ese ahogo y de la presión que le impedía resignarse, aplastar esto no estaba siendo tan fácil como esperaba, lo alejo de su vista y siguió absorta en la gastada metrópoli gris que se extendía ante su ventana...
Una tarde más acaricio la idea de tocar sus pies con la arena, el mar era sin duda fuerte, valiente, imponente, ella a su lado se sentía segura, aunque descartado estaba pensar que podía refugiarse en el, siempre esas olas podían volverse un enemigo, pues al fin igualmente eran impredecibles. Considero las opciones y solo quedó una, el cómodo sillón de cuero, regalo de su abuela, sin duda para aquietar su conciencia por el abandono y solo presencia a través de depósitos esporádicos, aunque abundantes, se recostó sobre el y contempló los pájaros que solían visitar su balcón esperanzados quizás por ese abandonado jardín.
Recordó sus padres, luego ya no estaban, su abuela y su leve abrazo con su delicado aroma de L'Air du Temps de Nina Ricci, ella también rápidamente se alejo, quizás recordando su fallecida hija en el rostro de dolor que veía, nada valía y sin embargo había algo en su pecho abajo de ese ahogo y de la presión que le impedía resignarse, aplastar esto no estaba siendo tan fácil como esperaba, lo alejo de su vista y siguió absorta en la gastada metrópoli gris que se extendía ante su ventana...

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